Una función pulmonar baja puede aumentar el riesgo de muerte prematura

En un estudio publicado en la revista Lancet Respiratory Medicine, investigadores del Clínic-IDIBAPS han demostrado que un 10% de los adultos jóvenes tienen una función pulmonar baja, lo que implica que no se ha desarrollado bien el pulmón. Esto ha permitido identificar un grupo de personas en el que hay un mayor riesgo de aparición temprana de otras enfermedades crónicas, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), problemas cardiovasculares o diabetes, y de mortalidad prematura.

Los autores del artículo son Àlvar Agustí, director del Insituto Clínic Respiratorio del Clínic, jefe del equipo Inflamación y reparación a las enfermedades respiratorias del IDIBAPS y miembro del CIBERES; Guillaume Noel, investigador del mismo equipo; Josep Brugada, cardiólogo del Clínic, jefe del equipo Arritmias, Resincronización e Imagen Cardiacas del IDIBAPS y profesor de la Universidad de Barcelona (UB); junto a Rosa Faner, investigadora del CIBERES en el IDIBAPS.

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) es la mayor causa de discapacidad en todo el mundo. Hasta ahora se consideraba que en principal responsable en el desarrollo de la enfermedad era el tabaco. Estudios recientes, en los que han participado investigadores del Clínic-IDIBAPS, han demostrado que se deben tener también en cuenta factores de desarrollo pulmonar en los primeros años de vida.

“Que haya un desarrollo anormal de los pulmones en los primeros años de vida, puede indicar que otros órganos del cuerpo tampoco se han desarrollado correctamente”, explica el doctor Àlvar Agustí, también profesor asociado médico de la UB.

Medidas a través de espirometría

Para el estudio, los investigadores evaluaron si una función pulmonar baja en adultos jóvenes se asociaba a una mayor prevalencia e incidencia precoz de enfermedades respiratorias, cardiovasculares o metabólicas. Para ello utilizaron tres cohortes, o grupos de población general, con los datos clínicos, fisiológicos, biológicos y un seguimiento longitudinal de más de 15.000 personas en total. Tras analizar los datos vieron que entre un 5% y un 15% de los participantes de entre 25 y 40 años tenía una función pulmonar baja, medida a través de una espirometría.

Además, vieron que en este grupo había una mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. También comprobaron que las comorbilidades aparecían 10 años antes que en las personas con una función pulmonar normal y que la tasa de mortalidad también era mayor. Por otra parte, gracias a los datos de una de las cohortes de población en la que se incluyen a los hijos de las otras, se pudo determinar que los hijos de personas que tienen una función pulmonar baja tenían una función pulmonar menor que los hijos de los que la tienen normal.

“Los resultados de este estudio pueden tener implicaciones a nivel clínico y de salud pública, ya que muestran que una prueba barata, sencilla y reproducible como es la espirometría, tiene el potencial de identificar un grupo de personas con alto riesgo de tener comorbilidades de forma precoz. Aplicar esta técnica en una edad temprana ayudaría a implementar medidas preventivas, a hacer un seguimiento cuidadoso en este grupo y proporcionar medidas terapéuticas tan pronto como fuesen necesarias”, concluye Agustí.

Fuente: Agencia Sinc

El alcohol daña el ADN y aumenta el riesgo de cáncer

Los científicos ya habían analizado de forma precisa cómo el alcohol causa cáncer en cultivos celulares. Ahora, un nuevo estudio, financiado en parte por el Cancer Research de Reino Unido y publicado en la revista Nature, ha usado ratones para mostrar cómo la exposición al alcohol conduce a un daño genético permanente.

Investigadores del Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigación Médica (MRC, por sus siglas en inglés) de Reino Unido dieron alcohol diluido, químicamente conocido como etanol, a los ratones. Luego utilizaron el análisis cromosómico y la secuenciación del ADN para examinar el daño genético causado por el acetaldehído, un químico dañino que se produce cuando el cuerpo procesa el alcohol.

Descubrieron que el acetaldehído puede romper y dañar el ADN dentro de las células madre sanguíneas, lo que provoca la reorganización de los cromosomas y la alteración permanente de las secuencias de ADN dentro de estas células.

Es importante comprender cómo se daña el diseño de ADN dentro de las células madre porque cuando las sanas se vuelven defectuosas, pueden provocar cáncer, según el estudio.

Por lo tanto, estos nuevos hallazgos ayudan a comprender cómo el consumo de alcohol aumenta el riesgo de desarrollar siete tipos de cáncer: mama, intestino, hígado, boca, garganta, esófago y laringe.

Ketan Patel, autor principal del estudio y científico del MRC, apunta: “Algunos cánceres se desarrollan debido al daño del ADN en las células madre, lo que indica que beber alcohol puede aumentar este riesgo”.

Enzimas defensoras contra el alcohol

El estudio también examinó cómo el cuerpo trata de protegerse contra las lesiones causadas por el alcohol. La primera línea de defensa es una familia de enzimas llamadas aldehído deshidrogenasas (ALDH). Estas enzimas descomponen el acetaldehído dañino en acetato, que nuestras células pueden usar como fuente de energía.

En todo el mundo, millones de personas, en particular las del sudeste asiático, carecen de estas enzimas o tienen versiones defectuosas de ellas. Por lo tanto, cuando beben, se acumula acetaldehído, lo que provoca una tez sonrojada y también hace que se sientan mal.

En la investigación, cuando a los ratones que carecían de la enzima ALDH crítica (ALDH2) se les administró alcohol, se produjo un daño de ADN cuatro veces mayor en sus células en comparación con los ratones con la enzima ALDH2 totalmente funcional.

La segunda línea de defensa utilizada por las células es una variedad de sistemas de reparación del ADN que, la mayoría de las veces, les permite reparar y revertir diferentes tipos de lesiones. Pero no siempre funcionan y algunas personas portan mutaciones, lo que significa que sus células no pueden llevar a cabo estas reparaciones con eficacia.

“Nuestro estudio destaca que no procesar alcohol de manera efectiva puede conducir a un mayor riesgo de problemas relacionados con el alcohol y, por lo tanto, ciertos cánceres. Pero es importante recordar que los sistemas de eliminación de alcohol y reparación del ADN no son perfectos y el alcohol puede causar cáncer de diferentes maneras, incluso en personas cuyos mecanismos de defensa están intactos”, añade Patel.

Por su parte, Linda Bauld, experta en prevención del cáncer del Cancer Research de Reino Unido enfatiza: “Esta investigación resalta el daño que el alcohol puede causar en nuestras células, a algunas personas les cuesta más que una simple resaca. Sabemos que el alcohol contribuye a más de 12.000 casos de cáncer en Reino Unido cada año, por lo que es una buena idea pensar en reducir la cantidad que se bebe”, concluye.

Nanopartículas basadas en almidón potencian la acción de un fármaco anticancerígeno

Investigadores de la Universidad de Sevilla (US) y de la Universidad Hacettepe de Ankara (Turquía) han confirmado que un fármaco contra el cáncer, llamado paclitaxel, es más efectivo y menos agresivo si se suministra con cápsulas nanométricas de un compuesto que se produce a partir del almidón. Los resultados obtenidos ofrecen la posibilidad de comenzar ensayos clínicos que confirmen su eficacia en pacientes.

Las nanopartículas probadas por los expertos tienen un diámetro mil veces menor al grosor de un cabello. En su interior, se incluye la medicación que será administrada por vía intravenosa al enfermo. En un estudio publicado en la revista Beilstein Journal of Nanotechnology han analizado el comportamiento de la nueva cápsula en líneas celulares de ratón y de humanos. Los resultados confirman su idoneidad para el suministro de paclitaxel en el cáncer de mama, ya que las propiedades del fármaco durante su acción son más duraderas y menos tóxicas que las actuales.

Uno de los objetivos era conseguir nanopartículas inferiores a 200 nanómetros de diámetro. Sin embargo, los resultados obtenidos tras los estudios han sido aún mejores, ya que han logrado llegar a los 80 nanómetros utilizando etanol como disolvente orgánico en la formación de las nanopartículas.

“El tamaño de las cápsulas en las que se suministra la medicación es importante para mejorar los resultados, así como la cantidad de fármaco que incluya en su interior”, indica la investigadora de la US Carmen Ortiz Mellet, autora del artículo.

El paclitaxel ha sido una herramienta eficaz desde su comercialización en los años 70 para los tratamientos de cáncer de pulmón, ovario y mama. “Hemos podido confirmar que todas las nanopartículas que hemos creado no son tóxicas en ratones y que su efecto anticancerígeno aumenta en líneas celulares de cáncer de mama humano en comparación con otras formas de administrar el medicamento. Además, el principio activo permanece estable en solución acuosa durante 30 días”, añade la investigadora.

Quimioterapia más segura y eficiente

El recubrimiento que han utilizado para contener el medicamento es derivado de la ciclodextrina, un compuesto producido a partir del almidón muy usado en alimentación y productos farmacéuticos, ya que aumenta la solubilidad debido a su exterior hidrofílico, es decir, que resulta soluble en agua. Sin embargo, en la cavidad interior, estas moléculas son hidrofóbicas, repelen el líquido, lo que les permite transportar el principio activo que se desee hasta el lugar de su actuación sin que se libere antes de tiempo o disminuyan sus propiedades. Además, protegen su contenido del oxígeno y de la radiación y lo liberan uniformemente en un tiempo prolongado.

Esto permite solucionar alguno de los problemas más frecuentes en quimioterapia relacionados con la biodisponibilidad de la medicación, es decir, con la efectividad en la localización de las células cancerígenas y en el mantenimiento de sus propiedades durante su acción. Según indican los expertos, las investigaciones debían orientarse hacia la obtención de moléculas más permeables para permitir el transporte hasta su objetivo, mayor estabilidad en presencia de ciertas enzimas o distintos ambientes ácidos o básicos, mejor solubilidad del principio activo en el lugar de acción y no en células sanas y la liberación completa del fármaco.

Durante los trabajos se ha demostrado que la ciclodextrina es capaz de modificar el perfil de liberación del fármaco encapsulado y mantenerlo estable hasta 30 días, lo que confirma el aumento de la biodisponibilidad del paclitaxel y la reducción de sus efectos adversos, entre los que se encuentran la disminución de glóbulos blancos, caída del cabello o náuseas.

Las nanocápsulas se forman añadiendo un disolvente orgánico al principio activo que se quiere suministrar. Concretamente en estas investigaciones han usado metanol, etanol y acetona, sobre una solución acuosa de ciclodextrina para crear las partículas que contengan el paclitaxel. Al interaccionar entre sí a través de agitación se enlazan las moléculas que rodean el medicamento y, posteriormente, se elimina el agua y el disolvente orgánico. Este proceso, conocido como solvatación, ha obtenido mejores resultados con el etanol como disolvente, logrando nanopartículas de menor tamaño.

Los menús de las residencias de mayores tienen una calidad nutricional deficiente

Un estudio realizado en la Universidad de Granada (UGR) ha demostrado que los menús que se ofertan en las residencias de mayores españolas tienen una calidad nutricional deficiente, y aportan menos energía y proteínas de lo recomendado.

La investigación, publicada en la revista Nutrición Hospitalaria, ha demostrado que el nivel de desnutrición en las residencias de mayores estudiadas es alto, mucho mayor que en el caso de aquellos ancianos que viven independientes en sus casas. Además, ninguno de los menús analizados alcanzó las recomendaciones de verduras, fruta, productos lácteos, aceite de oliva, legumbres, o frutos secos, mientras que el aporte de dulces y azúcar en ellos fue excesivo.

Para realizar este trabajo, los investigadores evaluaron minuciosamente los menús de tres residencias de mayores de la provincia de Granada mediante un método denominado “registro de pesada de alimentos” durante 14 días consecutivos.

Gracias a él, una de sus autoras, la dietista-nutricionista Ana Isabel Rodríguez Rejón, estuvo presente en la cocina de cada residencia durante dos semanas pesando todos los ingredientes que se utilizan, la cantidad final obtenida en cada elaboración y la ración servida a cada comensal. Dicha labor y sus resultados forman parte del estudio de investigación denominado Granada Sarcopenia Study.

Se trata de un trabajo meticuloso en el que la experta pesa, anota, registra y valora los datos recogidos en un programa informático con el que traduce los datos registrados en raciones de alimentos ofrecidos en los menús de forma diaria y semanal; así como en nutrientes, para conocer su valor nutricional. Los resultados se compararon con las ingestas dietéticas de referencia (DRIs) y el número de raciones de alimentos recomendadas por la Guía Española de la Alimentación Saludable adaptada a las personas Mayores.

Un análisis minucioso

En cuanto a micronutrientes, la investigación ha demostrado que ninguno de los menús cumplía las recomendaciones de fibra, potasio, magnesio, yodo, vitamina D, E y ácido fólico. Rodríguez Rejón, del departamento de Nutrición y Bromatología de la UGR, apunta que la calidad del servicio de los menús en las residencias “presenta deficiencias porque no se ajustan a las preferencias y necesidades de los residentes”.

Además, los menús no se suelen acompañar de recetas donde se especifiquen los ingredientes y cantidades recomendadas para cumplir los requerimientos nutricionales. “A ello se suma la falta personal, y el hecho de que no se controla el peso de los residentes ni se evalúa su estado nutricional de forma habitual, entre otras carencias”, subraya.

A la luz de los resultados de esta investigación, Rodríguez Rejón señala que los dietistas-nutricionistas deberían ser incluidos en los equipos multidisciplinares de las residencias de mayores.

“Estos profesionales podrían diseñar menús aceptables, adecuados y nutritivos para los residentes, aportar recetas al personal de cocina, controlar y cambiar los menús cuando fuera necesario, y concienciar al personal de la residencia de la importancia de la nutrición en este colectivo. Así, la calidad de las comidas de las residencias y el cuidado nutricional de los mayores que viven en ellas mejorarían significativamente. Con ello cabría esperar una disminución de la prevalencia de desnutrición y otros síndromes geriátricos en este colectivo, y así sus negativas consecuencias”, concluye la investigadora.

Primeras evidencias de la relación entre asma y ácidos grasos

Los pacientes con asma presentan alteraciones en el índice de saturación de ácidos grasos, según una investigación internacional en la que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y que ha demostrado por primera vez la relación entre metabolismo lípido y enfermedad respiratoria.

El estudio, publicado en Allergy, identifica los niveles de ácidos grasos en plasma de pacientes asmáticos obesos y no, así como de no asmáticos, obesos y no. Los resultados demuestran que en los pacientes asmáticos no obesos la relación entre los niveles de ácidos grasos saturados e insaturados se encuentra disminuida.

“Se demuestra por primera vez que las alteraciones en el grado de saturación de los ácidos grasos circulantes en plasma se asocian al desarrollo de asma y a la gravedad de la enfermedad”, determina Mar Martín-Fontecha, investigadora del departamento de Química Orgánica I de la UCM y una de las autoras del estudio.

La docente explica también que estos resultados “sugieren que las enzimas implicadas en el metabolismo lípido podrían constituir nuevas dianas terapéuticas para el tratamiento del asma o nuevos biomarcadores asociados a gravedad”.

Para llegar a estas conclusiones, los científicos estudiaron la actividad de la estearoil-coenzima A desaturasa, enzima implicada en la biosíntesis de ácidos grasos monoinsaturados en pacientes con y sin obesidad, asmáticos y no, a los que se había fenotipado clínicamente de manera exhaustiva. Así, hallaron una disminución de esta enzima en pacientes asmáticos no obesos.

Además, se han llevado a cabo estudios inmunológicos y bioquímicos pormenorizados en distintas muestras biológicas tomadas de los pacientes así como determinaciones de los niveles de ácidos grasos de cadena media-larga saturados e insaturados en muestras de suero utilizando cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas.

Esperanza ante un tratamiento ineficaz

En este trabajo también se ha demostrado en modelos animales y cultivos celulares que la inhibición de esta enzima se asocia con hiperreactividad bronquial y con una mayor susceptibilidad de infecciones virales, “aspectos claramente característicos y asociados al asma grave no controlado”, destaca Óscar Palomares, investigador del departamento de Bioquímica y Biología Molecular I y coautor del estudio.

Los investigadores de la UCM recuerdan que los pacientes con asma grave no responden de manera adecuada a la medicación convencional (corticoides inhalados o bronquiodilatadores) o requieren dosis muy elevadas de los mismos para mantener controlado su asma y que son los que presentan mayor riesgo de sufrir ataques con consecuencias potencialmente letales.

“Para estos pacientes, especialmente para aquellos caracterizados por una respuesta inmune distinta a la de tipo 2, actualmente, las alternativas terapéuticas son mínimas. Por ello, nuevas estrategias terapéuticas en asma grave son esenciales para mejorar la calidad de vida de estos pacientes, reducir el número de eventos fatales asociados al asma y reducir el gasto sanitario asociado”, concluye Óscar Palomares.

Además de la UCM, en la investigación han participado grupos e investigadores clínicos, químicos, bioquímicos e inmunólogos de Suiza, Polonia, Reino Unido y España.

Fuente: Agencia Sinc

Dos raciones diarias de cereales integrales se asocian con una menor mortalidad

El consumo de cereales integrales de calidad, como los presentes en pan, pasta o arroz, se asocia con una disminución de las cifras de mortalidad y un menor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, obesidad y, probablemente, cáncer colorrectal.

Así concluye la declaración de consenso del Consorcio Internacional de Calidad de los Carbohidratos (ICQC), extraída de su tercera reunión anual. Esta organización sin ánimo de lucro está formada por científicos con experiencia en la investigación nutricional de carbohidratos y salud.

Entre los expertos españoles se encuentran Jordi Salas y Mònica Bulló, de la Universidad Rovira y Virgili y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN).

Los cereales integrales son fuentes importantes de fibra dietética, nutrientes y fitoquímicos. Los científicos destacan la importancia de consumir dos raciones diarias (16g de peso seco por ración) ya que es la cantidad asociada a beneficios sobre la salud.

El documento de consenso insiste en recomendar además la promoción del consumo de cereales integrales con bajo índice glucémico, ya que así se mantienen los niveles de glucosa en la sangre cerca o en el rango normal y se evitan complicaciones.

Información sencilla y rigurosa

Este panel de expertos destaca también la necesidad de dar a conocer a todos los sectores profesionales de la salud sobre las propiedades saludables que ofrecen los cereales integrales de grano entero.

Además, recuerdan la importancia de informar sobre el contenido de cereales integrales de los alimentos, promocionar e incentivar su consumo entre la población, concienciar a la industria alimentaria y de restauración para la elaboración de productos a base de cereales integrales que sean más atractivos para su consumo y asequibles, así como promover la regulación de un etiquetado simple, pero basado en la evidencia científica.

El VIH en 2017: nuevos avances en su prevención, tratamiento y cura

Las cifras del sida en el mundo son aterradoras. Desde que a principios de los años 80 aparecieron los primeros casos, el virus ha infectado a 76,1 millones de personas y ha causado 35 millones de muertos.

Aunque la investigación ha permitido avanzar grandes pasos en la lucha contra el VIH, todavía queda mucho por hacer. En la actualidad aún se producen 1,8 millones de nuevas infecciones y un millón de personas mueren al año a causa del sida.

La revista PLoS ha publicado esta semana un número especial, en el que participan expertos de diversas instituciones, sobre los nuevos progresos en la prevención, tratamiento y cura de la enfermedad. Mientras puede parecer que “el objetivo de acabar con la epidemia está a nuestro alcance”, los autores advierten que “el progreso notable, el activismo, los recursos, el ingenio y la fortaleza total que nos han llevado hasta aquí serán necesarios al menos en la misma medida para llevarnos al final de la patología”.

Uno de los trabajos recogidos es un estudio epidemiológico, liderado por Jacob Bor, de la Universidad de Boston (EE UU), sobre la atención del VIH en Sudáfrica en 2011-2012, cuando el tratamiento antirretroviral dependía del recuento de células CD4.

Tras analizar una cohorte de más de 11.000 personas, los investigadores encontraron que los pacientes elegibles para la terapia antirretroviral inmediata eran los que asistían a consulta significativamente más y prestaban mayor atención a su cuidado, en comparación a aquellos que no cumplían con los criterios para tomar los fármacos.

Estos hallazgos respaldan las recomendaciones actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para proporcionar terapia antirretroviral independientemente del recuento de CD4. “Los beneficios reales de extender estos medicamentos a todos los pacientes pueden ser mayores de lo que se pensaba”, destacan los autores.

Objetivo final: curar del sida

Ahora que los tratamientos han conseguido cronificar la enfermedad y que muchas de las personas afectadas consiguen llevar una vida normal, la medicina afronta el reto de erradicar el virus.

Sin embargo, hasta la fecha, rara vez se ha logrado curar la infección por VIH. En otro artículo de investigación, el equipo de Andrew Badley, de la Clínica Mayo (EE UU), describe el caso de una persona con VIH que se sometió a un trasplante de células madre alogénicas como tratamiento para la leucemia linfoblástica aguda.

Aunque el depósito de VIH del paciente disminuyó con el tratamiento, sufrió el rebote viral después de un período prolongado (288 días) sin terapia antirretroviral. A pesar del fracaso, para los autores todos estos hallazgos son valiosos para guiar futuros intentos de curar el virus utilizando el trasplante de células madre y otros métodos.

Las últimas cifras de la OMS

Con el fin de complementar la campaña del Día Mundial del Sida 2017, celebrada cada año el 1 de diciembre, la OMS destaca la necesidad de que los 36,7 millones de personas infectadas por VIH alcancen el objetivo de la cobertura sanitaria universal.

Aunque no se ha descubierto cura alguna para la infección, el tratamiento con antirretrovíricos eficaces permite controlar el virus y prevenir la transmisión. El 54% de los adultos y el 43% de los niños con el virus toman estos fármacos de por vida.

La infección se suele diagnosticar mediante análisis que detectan la presencia o ausencia de anticuerpos contra el virus. En la mayoría de los casos, los resultados se obtienen en el mismo día, una cuestión fundamental para diagnosticar la infección rápidamente e iniciar el tratamiento lo antes posible.

Hay grupos poblacionales que merecen especial atención por correr un mayor riesgo de infección: los hombres que tienen relaciones homosexuales, los consumidores de drogas inyectables, los presos y personas que están recluidas en otros entornos, los trabajadores sexuales y sus clientes, y los transexuales.

Fuente: Agencia Sinc

Nuevo sistema de ventilación para reducir las infecciones hospitalarias

El riesgo de infección para las personas hospitalizadas es un problema real en la actualidad y que preocupa a la comunidad científica. Se calcula que anualmente el 6% de los pacientes que son ingresados en un hospital contraen una infección, lo que se traduce en siete billones de euros de gastos en toda Europa. Estas infecciones pueden ser provocadas por el contacto directo con personas infectadas, por sangre, por el agua y por vía aérea.

Esta última vía ha sido objeto de estudio de un grupo de investigadores de la Universidad de Córdoba (UCO) y Valladolid, y ha permitido evaluar el riesgo de infecciones entre personas en función del sistema de ventilación. Distintos agentes patógenos pueden trasmitirse por vía aérea mediante partículas de agua emitidas por las personas al ambiente a través de la saliva al toser, hablar o al respirar.

Las partículas pequeñas quedan suspendidas en el aire y en el caso de portar estos patógenos, pueden provocar infecciones al ser inhaladas por otra persona. Son las llamadas ‘droplet nuclei’ de menos de cinco micras de diámetro (equivalentes a 0.005 milímetros).

Esta investigación, publicada recientemente en Energy and Buildings, señala cómo es posible reducir las infecciones hospitalarias seleccionando adecuadamente el sistema de ventilación, así como las renovaciones del aire del local cuando se diseñan las instalaciones hospitalarias. El estudio, según explica el autor principal e investigador de la UCO Manuel Ruiz, apuesta por un método que reduce el riesgo de infección cruzada entre dos personas “sobre todo en habitaciones de pacientes aislados, las de mayor riesgo”.

Laboratorio de simulación

Entre los sistemas estudiados en el marco del proyecto de investigación TRACER se encuentran los sistemas de ventilación por desplazamiento que introducen el aire a muy poca velocidad y que “actúa como si se tratara de un pistón, es decir, como si empujáramos el aire desde la parte inferior del local hasta sacarlo por la parte superior de manera continua”.

Según los datos aportados por Ruiz, la normativa actual que rige el diseño de hospitales contempla renovar el aire 12 veces a la hora en este tipo de habitaciones.

Con el sistema de ventilación por desplazamiento que propone este trabajo, el número más óptimo se reduciría a 9, ya que presenta menor riesgo de infección cruzada entre personas.

Para llevar a cabo este estudio se ha reproducido una habitación que simula la de un hospital, con maniquís térmicos donde han realizado un elevado número de ensayos experimentales con distintos patrones de flujo de aire correspondientes a distintos sistemas de ventilación.

En este recinto han estudiado el riesgo de infección cruzada entre dos personas por vía aérea en ambientes de hospital en función del sistema de ventilación, las condiciones de la sala y el número de renovaciones de aire a la hora.

El análisis, enmarcado en una investigación más amplia sobre patrones de flujo de aire desarrollada desde 2014, persigue, entre otros objetivos, la elaboración de una guía de diseño para profesionales de la ingeniería que trabajan en los sistemas de ventilación de las instalaciones hospitalarias.

Fuente: Agencia Sinc

Cinco indicadores son suficientes para predecir el riesgo cardiovascular

Cinco indicadores de salud cardiovascular –presión arterial, actividad física, índice de masa corporal (IMC), consumo de fruta y verdura y consumo de tabaco– son suficientes para predecir el riesgo cardiovascular en individuos sanos.

Así concluye un estudio, publicado hoy en The Journal of American College of Cardiology, realizado en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) por el equipo liderado por Valentín Fuster, su director general.

El trabajo demuestra que el índice Fuster-BEWAT, una herramienta basada en estos cinco indicadores, es útil para predecir la presencia y extensión de aterosclerosis subclínica (sin síntomas) en individuos de mediana edad sin enfermedad cardiovascular conocida.

De hecho, dicho índice es igual de eficaz que el de salud cardiovascular ideal (ICHS) –recomendado por la American Heart Association–, de uso común en el ámbito de la prevención primaria y promoción de la salud y que incluye valores de colesterol y glucosa.

El índice Fuster-BEWAT evalúa el riesgo de aterosclerosis subclínica en entornos donde no se disponga de recursos materiales para detectar los niveles de colesterol y glucosa ya que, al contrario del método estándar ICHS, no precisa análisis de sangre para su cálculo.

Investigaciones previas –como el estudio PURE, publicado recientemente en The Lancet– ya habían indicado que el análisis de sangre a veces puede no ser necesario para evaluar el riesgo cardiovascular, lo que supone una ventaja en las regiones con recursos sanitarios limitados.

El nuevo estudio ‘Progression and Early Detection of Atherosclerosis’ (PESA) incluye a más de 4.000 participantes de edad intermedia y asocia el riesgo con diversos factores moleculares y ambientales, incluyendo hábitos dietéticos, actividad física, factores psicosociales y hábitos de sueño.

Los resultados muestran que los perfiles cardiovasculares más saludables se asocian con menor prevalencia y menor extensión de enfermedad subclínica en individuos sanos, lo que evidencia el impacto de los estilos de vida y de los factores de riesgo en las fases tempranas de la enfermedad.

Dichos datos han sido obtenidos al evaluar la presencia de enfermedad subclínica en distintos territorios (placas de ateroma en arterias carótidas, iliofemorales, aorta abdominal y la cuantificación del nivel de calcio en arterias coronarias) mediante técnicas de ultrasonido (ecografía) vascular y tomografía axial computarizada.

Una herramienta más sencilla

Los autores han encontrado que tanto el ICHS como el índice Fuster-BEWAT, las dos herramientas utilizadas para evaluar la salud cardiovascular de los participantes, son capaces de predecir de manera similar la presencia de placas de ateroma, la cantidad de calcio en las arterias coronarias (un signo precoz de enfermedad coronaria) y el número de territorios afectados.

Antonio Fernández-Ortiz, Borja Ibáñez, Héctor Bueno, Valentín Fuster, Juan Miguel Fernández-Alvira, Leticia Fernández-Friera y José Mendiguren. / CNIC

Ambas, explica el investigador del CNIC Juan Miguel Fernández-Alvira, “comparten cinco indicadores de salud cardiovascular (presión arterial, actividad física, un indicador de calidad de la dieta, índice de masa corporal y consumo de tabaco), y se diferencian en la inclusión de los niveles de colesterol y glucosa en el caso del ICHS”.

Según Héctor Bueno, del Instituto de investigación i+12 del Hospital Universitario 12 de Octubre (Madrid) y otro de los autores, dado que ambas herramientas muestran una capacidad predictiva equivalente, “el índice Fuster-BEWAT puede considerarse una opción más práctica y económica para la promoción de la salud cardiovascular, especialmente en aquellas regiones con escasos recursos económicos, donde la carga de enfermedad cardiovascular está creciendo de manera más alarmante”.

Esta sencillez, añade Antonio Fernández Ortiz, investigador del CNIC, “también permitiría utilizar el índice Fuster-BEWAT para la educación en entornos no sanitarios, como escuelas o universidades, y como una herramienta para calcular los beneficios que el cambio de estilo de vida con el autocuidado puede suponer para individuos en riesgo o pacientes”.

El estudio PESA CNIC-Santander, que comenzó en 2010, pretende avanzar en el conocimiento de la progresión de la enfermedad cardiovascular subclínica para mejorar la prevención de la que continúa siendo la primera causa de mortalidad en España y en el mundo, y lleva asociado un enorme coste personal y económico.

La investigación, cofinanciada por el Banco de Santander y CNIC, se inscribe dentro de una serie de grandes estudios internacionales, como el High Risk Plaque (HRP) o el estudio Multi-ethnic Study of Atherosclerosis (MESA), ambos en EE UU, que tratan de mejorar la capacidad de diagnosticar y prevenir la enfermedad cardiovascular.

Fuente: Agencia Sinc

La ciencia hecha por mujeres presta más atención al sexo en los estudios médicos

Hombres y mujeres no son iguales en lo que respecta a la incidencia de enfermedades, la eficacia de los tratamientos y los efectos secundarios. Sin embargo, sexo y género son factores olvidados por los ensayos biomédicos, donde los sujetos de estudio suelen ser masculinos, tanto si se trata de animales de laboratorio como con pacientes humanos. Un trabajo publicado hoy en la revista Nature human behaviour concluye que es más probable que una investigación tenga en cuenta estos importantes detalles si hay alguna mujer entre sus autores.

El análisis bucea en un millón y medio de estudios médicos para comparar la presencia de autoras en investigaciones con y sin análisis de género y sexo (GSA, por sus siglas en inglés). El objetivo: responder a la pregunta de si hombres y mujeres incorporan por igual estos análisis a sus investigaciones.

“Para asegurar que los resultados son precisos para hombres y mujeres, es crucial mirar las posibles variaciones de género y sexo”, explica a Sinc Mathias Nielsen, investigador de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y coautor del estudio. “En algunas áreas estas diferencias pueden ser pequeñas. En otras, su comprensión puede mejorar el diagnóstico y prevención de enfermedades”.

Cuando no se presta atención a estas diferencias, comienzan los problemas. “Investigar de manera errónea cuesta vidas y dinero”, asegura la investigadora de la Universidad Stanford (EEUU) y coautora del artículo, Londa Schiebinger. Cita un informe publicado por el Gobierno de EE UU en 2001 que señalaba que, de los últimos diez fármacos retirados, ocho suponían un riesgo mayor para la salud de las mujeres.

Ignorar el sexo cuesta dinero y vidas

Este mayor riesgo se podría haber evitado con la incorporación de GSA a los ensayos clínicos. “El desarrollo de un fármaco cuesta miles de millones de dólares y, cuando fallan, causan muerte y sufrimiento. No podemos permitirnos estos fallos”, añade Schiebinger.

Uno de los ejemplos más conocidos de estas diferencias es el de las enfermedades cardiovasculares. Cada año mueren más mujeres que hombres por problemas de corazón, pero los ensayos clínicos siguen siendo predominantemente masculinos. Un patrón que se extiende a los ensayos de otras enfermedades como el cáncer, a la investigación con animales e incluso con células.

La lista de ejemplos es larga: un estudio con ratones publicado en la revista ‘Genome Research’ en 2006 mostró que el hígado es uno de los órganos con más diferencias entre machos y hembras. La variación es importante, al ser el lugar donde se metabolizan los fármacos. En 2014, la FDA tuvo que advertir de los efectos del tranquilizante zolpidem sobre la conducción, sobre todo en mujeres: “Parecen más susceptibles a este riesgo porque eliminan el fármaco con más lentitud que los hombres”. Por ello, recomendaba que las pacientes redujeran la dosis a la mitad.

Un culpable poco evidente de la mala representación de las mujeres en los ensayos clínicos es la talidomida. Este sedante provocó el nacimiento de miles de bebés con focomelia (extremidades cortas o inexistentes) y llevó a la FDA a excluir a todas las mujeres en edad fértil de los estudios.

No solo ellas sufren las consecuencias. Nielsen considera importante enfatizar que los análisis de género y sexo “pueden mejorar la salud tanto de las mujeres como de los hombres”. El investigador pone como ejemplo el caso de la osteoporosis, una enfermedad en la que son ellos los mal representados. “La mayor parte de la investigación en este campo se centra en las mujeres, pero un tercio de los pacientes diagnosticados con fracturas de cadera relacionadas con esta enfermedad son hombres ancianos”.

Los autores destacan la “relación simbiótica” debida a la relación entre la diversidad de género en el campo académico y los frutos que esto da a la investigación. Aseguran que el trabajo “aporta pruebas empíricas” de cómo la presencia de mujeres en ciencia aumenta su calidad.

Ellas también se olvidan

Según los autores, aunque las investigadoras tienden a incorporar el análisis de género y sexo en mayor medida que sus homólogos masculinos, ninguno de ellos lo aplica en demasía. “Tanto hombres como mujeres tienden todavía a pasar por alto la importancia de esta perspectiva”, dice Nielsen. Aun así, “la probabilidad de incorporar GSA aumenta con la participación de mujeres”, hasta un 30% en comparación con sus compañeros

El problema toma otra dimensión si tenemos en cuenta que el estudio también corrobora la brecha de género: las investigadoras representan el 40% de las primeras autoras, el 27% de las últimas y, en general, suponen un 35% de los firmantes en el campo de la medicina. Nielsen explica estas diferencias por la noción de que este campo es cosa de mujeres: “Las expectativas culturales son difíciles de cambiar, aunque cualquier persona pueda ser entrenada para integrar estos análisis en su trabajo”.

Sin embargo, la mayor presencia de investigadoras es solo una parte de la solución. Tanto Nielsen como Schiebinger destacan la importancia de que los organismos responsables de la financiación animen a incorporar GSA en la investigación médica. “Es necesario incluir el sexo como una variable biológica si queremos hacer ciencia de calidad”, afirma la investigadora.

Por este motivo, el National Institutes of Health de EEUU (NIH) solicita desde 2016 que toda la investigación pública incorpore GSA, algo similar a lo que pide su homólogo canadiense desde 2010 y la Comisión Europea desde 2013. “Una evaluación reciente de Canadá indica que estas medidas son efectivas, y las revistas médicas ya empiezan a pedir estos análisis. Será interesante estudiar los efectos a largo plazo de estas medidas”, añade Nielsen.

Unas medidas que deben comenzar en clase. “Podemos solucionar este problema si educamos sobre los análisis de sexo y género en las universidades de medicina”, asegura Schiebinger. El problema, en su opinión, es que el hospital universitario Charité de Berlín (Alemania) es, de momento, el único centro que los incorpora a su currículo.

Fuente: Agencia Sinc