Alzheimer, una enfermedad que afecta a unas 500.000 personas en todo el país.

La enfermedad de Alzheimer no es parte normal del proceso de envejecimiento, y tampoco afecta únicamente a los adultos mayores. Sin embargo, la vejez es un factor de riesgo importante y, como la población está envejeciendo, la cantidad de gente con demencia está aumentando. Se estima que para el año 2040 el número de personas con demencia alcanzará los 81 millones a nivel mundial, y para 2050 será de 100 millones.

La betaamiloide es una proteína pegajosa que existe en el cerebro, pero por motivos que no entendemos, en personas con demencia se agrupa para formar placas que matan a las células cerebrales. A mayor cantidad de betaamiloide en el cerebro, más grave es la enfermedad.

Además de las placas de betaamiloide, las personas con demencia desarrollan “marañas” de proteína dentro de las neuronas, que destruyen estas células y perjudican la concentración y la memoria.

El diagnóstico sigue siendo un proceso delicado, pues las pruebas de memoria no reflejan los cambios sutiles de las etapas tempranas de la enfermedad; también es difícil distinguir los síntomas del Alzheimer de los de la depresión, la ansiedad o una educación deficiente. Los institutos especializados en trastornos cognitivos diagnostican la demencia con un 90 por ciento de exactitud. Aun así, la mayoría de quienes son diagnosticados se encuentran en una etapa muy avanzada.

Hoy en día hay mejores técnicas de diagnóstico por imágenes, con lo que los médicos pueden observar el cerebro y ver cambios que indicarían si una persona puede desarrollar Alzheimer. Un estudio muy esperanzador, la tomografía por emisión de positrones (PET) utiliza un agente, PIB, que se une a la proteína betaamiloide. En caso de que hubiera gran cantidad de betaamiloide en el cerebro, se puede estar seguro de que el paciente padecerá Alzheimer.

Sin embargo, a pesar de que puede ser muy exacto, un estudio de este tipo es costoso, y a los pacientes se les inyecta una sustancia radiactiva.

Lo que realmente se necesita es una prueba de sangre. La Universidad de Stamford publicó resultados prometedores sobre pruebas de sangre que detectaron cambios en la forma en la que las células se comunican entre sí cuando se desarrolla el Alzheimer. Otros investigadores en los Estados Unidos descubrieron que se pueden detectar señales de la enfermedad en el líquido cefalorraquídeo 10 o 15 años antes de que se manifiesten los primeros síntomas.

Una teoría es que las personas que van a padecer Alzheimer generalmente poseen los mismos factores de riesgo que las personas con enfermedades cardiovasculares. Y esto nos lleva a un importante descubrimiento australiano: miles de personas pueden prevenir el Alzheimer con sólo cuidar su presión arterial. La hipertensión en la mediana edad está ligada a tener un riesgo dos veces y medio mayor de padecer demencia 20 años más tarde. Si podemos reducir el índice de presión arterial, podremos bajar el índice de demencia

Una vez que se padece la enfermedad, la presión arterial juega un papel insignificante; de hecho, la gente con Alzheimer tiende a tener la presión arterial baja. Pero a partir de los 40 años, es muy importante controlar la presión mediante dieta, ejercicio y, si es necesario, medicamentos.

Ahora tenemos una noticia reciente que nos presenta un futuro cercano más prometedor en la lucha de la enfermedad.

Ensayo de la primera vacuna contra el Alzheimer

En el 2013 se darán los pasos definitivos para confirmar los resultados obtenidos con éxito en la experimentación animal. El nuevo fármaco que ya pasó con éxito los ensayos con ratones debe ser ahora probado, en el 2013 por primera vez en humanos.

El ensayo que lleva firma española, será decisivo para conseguir la autorización de la Agencia Española del Medicamento, puediendo convertirse en la primera vacuna para combatir los síntomas del Alzheimer en sus primeras fases.

Se administrará a 400 personas durante el primer trimestre del 2013.

El prototipo clínico ha sido diseñado para su utilización en los estadios asintomáticos y preclínicos del alzhéimer. En estas fases, los pacientes aún no manifiestan los signos característicos de la enfermedad, como la pérdida de memoria o la apraxia, la incapacidad de realizar movimientos voluntarios

En rueda de prensa para explicar su estrategia I+D sobre esta patología, el fundador de Araclon Biotech –empresa participada mayoritariamente por Grifols–, Manuel Sarasa, ha concretado que esta vacuna está pensada para pacientes clínicamente sanos y que estimula el sistema inmunitario para producir anticuerpos contra las proteínas beta-amiloides 40 y 42, causantes de la enfermedad.

Según ha explicado el doctor Antonio Páez, responsable de la investigación sobre el Alzheimer de Grifols, en esta enfermedad la proteína beta-amiloide se acumula en el cerebro formando placas que, al no dejar suficiente espacio, provocan la destrucción de las neuronas, e incluso llegan al líquido que baña el cerebro y al plasma sanguíneo.

Esta vacuna forma parte de la estrategia en diagnóstico y prevención de la enfermedad, que se combina con unos kits de Araclon Biotech que están en fase de validación en 400 pacientes para determinar la presencia en sangre de las proteínas beta-amiloides, que permiten la detección de la enfermedad en fases iniciales.

No obstante, estos kits solamente están disponibles para proyectos de investigación que se desarrollan en España, Estados Unidos, Australia, Suecia e Italia, entre otros.
tratamientos

Además de la prevención de la enfermedad, la estrategia de Grifols para los pacientes que ya la padecen en estados avanzados pasa por la aplicación de tratamientos con hemoderivados, concretamente con la hemoféresis como novedosa aproximación terapéutica.

En base a métodos ya conocidos, como la plasmaféresis -que separa las células de la sangre del plasma eliminando la proteína– y el recambio plasmático –una plasmaféresis de gran volumen, y que sustituye el plasma por albúmina-, Grifols plantea nuevas líneas como la hemoféresis -consistente en la extracción de una cantidad limitada de plasma con reposición de albúmina o inmunoglobina-.

Los ensayos actuales combinan el recambio plasmático, la inmunoglobina y la hemoféresis, éste último como pilar del tratamiento y con importantes ventajas, ya que puede hacerse de forma ambulatoria.

Este tratamiento, en fase de ensayo, se llevará a cabo en 350 pacientes en España -unos 200- y Estados Unidos -el resto- en una treintena de hospitales, que mayoritariamente serán centros públicos -en Estados Unidos, privados-.

Este hipotético escenario, sería un “éxito rotundo” porque lograría ralentizar la enfermedad y elevar la calidad de vida de sus pacientes.

El Alzheimer afecta a 25 millones de personas en todo el mundo, con medio millón de afectados en España, y se trata de una patología que afecta al 10% de los mayores de 65 años y al 25% de los mayores de 85

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